«Has hecho bien»

Recuerden, amados hermanos, que pocos de ustedes eran sabios a los ojos del mundo o poderosos o ricos cuando Dios los llamó  (1 Corintios 1:26 NTV)

La gente piensa que un orador muy bueno y elocuente frente a las masas, un pintor o músico dotado, un inventor o gran científico, un gran cantante o actor, tienen dones y aptitudes envidiables. Y sí, claro, esos son dones buenos y valiosos si se emplean de la manera correcta.

Sin embargo, desde la perspectiva de Dios, quien piensa que no puede hacer mucho más, pero cuando Dios se lo dice anima a la persona que tiene a su lado, hace una de las mejores cosas. Cuando haces algo por alguien como lo has hecho por muchos a quienes has ayudado a lo largo de los años, muestras el don de empatía que refleja el corazón de Dios de una manera tangible para los que lo necesitan.

No es necesario ser grande a los ojos de otros para levantar las manos caídas, motivándolos para que sigan adelante, ni para fortalecer las rodillas que flaquean y tiemblan debido al temor. No hay que ser brillante para llevar esperanza al desanimado, ni para animar a un alma cansada a fin de que siga adelante.

Cuando te detienes y dedicas tiempo a otros, todo eso proviene del bello don de dar ánimo, un don que el Señor te ha dado. Es un don en el que has trabajado arduamente y por mucho tiempo a fin de desarrollarlo y ponerlo en práctica. Eso es lo que trae la bendición de Dios a tu vida y hace que Él te diga: «Has hecho bien». [1]

Infundir ánimo es el combustible emocional que hace que las personas resistan más tiempo, lleguen más lejos y profundicen más de lo que antes creyeron posible. – Dan Reiland

[1] Áncora Amor que ve más

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