Un sublime Creador
Por la palabra del SEÑOR fueron hechos los cielos; todo el ejército de ellos fue hecho por el soplo de su boca. (Salmos 33:6 RVA-2015)
Cuando contemplo un amanecer, cuando el sol me roza la cara, cuando me deleito con el rocío del agua de mar o quedo hechizado con el esplendor de un paisaje, suelo reflexionar sobre el lugar tan singular que es nuestro planeta. Por ejemplo:
- La luna: La Tierra tiene una ligera inclinación y como un trompo se tambalea levemente al girar, lo que causaría cambios climáticos extremos. Sin embargo, gracias al efecto estabilizador que tiene la luna en nuestra órbita, nuestro clima es más estable.
- Un sol de larga data: Nuestro sol es un enano amarillo, un tipo de estrella relativamente raro, que es tanto pequeño como estable. Cuenta también con larga vida.
- Campo magnético: La Tierra ha sido favorecida con un campo magnético fuerte y estable que rechaza rayos cósmicos y erupciones solares, los cuales, de no mediar dicho campo, abrasarían periódicamente nuestro planeta.
- Atmósfera: La capa de gas que se encuentra a gran altitud nos protege de cantidades letales de radiación.
El hecho de que se den en la Tierra las muchas condiciones necesarias para la vida, de forma perfecta, apunta hacia un sublime Creador, que sabía muy bien lo que hacía.
Dispuso las estrellas y estableció las órbitas de los planetas. Tuvo un propósito al crear el agua y la nieve, la luz y la oscuridad, la risa y el amor. Cada uno de nosotros es único y fue formado por un Creador amoroso que nos dio un planeta bellísimo e intrincadamente concebido para que viviéramos en él y lo disfrutáramos. [1]
La grandeza de Dios se manifiesta en su creación, y su sabiduría se revela en la armonía de la misma. - Charles Spurgeon
[1] Conéctate ¿Qué nos hace singulares?