Orar por todo
Busquen al SEÑOR y Su fortaleza; busquen Su rostro continuamente. (1 Crónicas 16:11 NBLH)
Algo de lo que se vale el Señor para acostumbrarnos a orar constantemente es enseñarnos a orar por las pequeñeces, porque si solo oramos por las cosas grandes, resulta que éstas generalmente no se presentan muy a menudo, o por lo menos no lo suficiente para hacernos adquirir el hábito de orar. En cambio, siempre hay abundancia de detallitos, y si adquirimos la costumbre de orar por las cositas que surgen, adquiriremos automáticamente la costumbre de orar por todo, sea poco o muy importante.
Otro motivo por el que debemos ser diligentes y orar por las pequeñeces es que con ello le indicamos al Señor que deseamos que Él participe en todos los aspectos de nuestra vida, en vez de acudir a Él únicamente cuando surge algo importante. [1]
La oración es la luz del alma, el verdadero conocimiento de Dios, la mediadora entre Dios y los hombres. Hace que el alma se eleve hasta el cielo, que abrace a Dios con inefables abrazos apeteciendo … Pues la oración se presenta ante Dios como venerable intermediaria, ensancha el alma y tranquiliza su afectividad. Y me estoy refiriendo a la oración de verdad, no a las simples palabras. La oración es un deseo de Dios, una inefable piedad, no otorgada por los hombres, sino concedida por la gracia divina. - San Juan Crisóstomo
[1] Áncora Perlas sobre la oración