Señales de colores
Ya sea que te desvíes a la derecha o a la izquierda, tus oídos percibirán a tus espaldas una voz que te dirá: «Este es el camino; síguelo». (Isaías 30:21 NVI)
No hay ciudad que pueda funcionar sin semáforos. Los conductores optan por ejercer autocontrol y en siguen sus instrucciones: se detienen con la luz roja, actúan con precaución con la amarilla, y avanzan con la verde. Respetando las señales de colores aumentamos las probabilidades de que cada uno arribe a su destino sano y salvo. Lo mismo pasa en la vida.
- Luz roja: ¿Qué querrá Dios que yo deje de hacer? ¿Tengo algún pecado o vicio? Tal vez sea fumar, o comer en exceso; quizá sea jugar videojuegos hasta altas horas de la noche, o perder la paciencia con un familiar o compañero de trabajo…
Señor, ayúdame a estar pendiente de los semáforos en rojo que me pueda encontrar, a parar lo que no me ayuda, ni hace bien a los demás, ni te complace a Ti.
- Luz amarilla: No siempre es posible saber de antemano el efecto que tendrán nuestras decisiones. Es parte del misterio de la vida. Lo que podemos hacer es actuar con cautela, sopesar las opciones, considerar las consecuencias y orar por la guía de Dios.
Señor, te ruego que me ayudes a ser prudente. Indícame el camino por el que debo transitar, pues a Ti elevo mi alma.
- Luz verde: Señal de avanzar. En la narrativa del Evangelio abundan las personas que se dirigen a algún sitio. Los discípulos son enviados a predicar y enseñar. Jesús mismo estaba siempre en marcha. Dios nos llama a ser activos. No basta con sentir lástima y pena al ver las necesidades de nuestro entorno; esos sentimientos deben ir acompañados de acción.
Señor, ayúdame a no refrenarme cuando sea el momento de actuar. Anímame a seguir adelante con fe. Amén. [1]
La fuerza y la felicidad de un hombre consisten en determinar en qué sentido va Dios y en tomar ese mismo camino. - Henry Ward Beecher (1813–1887)
[1] Conéctate Semáforos