Tomar decisiones éticas
Mostrándote en todo como ejemplo de buenas obras. Demuestra en tu enseñanza integridad, seriedad. (Tito 2:7 RVA-2015)
Cuando se han comprometido a dirigir su vida conforme a valores divinos, no tendrán una gran lucha con su conciencia cada vez que enfrenten la decisión de hacer lo que está bien o lo que está mal. Esa decisión tendrá que haberse tomado con bastante anticipación, porque es su compromiso.
Si enfrentan la oportunidad de tomar algo que no les pertenece, hacer algo que saben que no deberían, engañar, mentir, hablar mal de alguien o divulgar un chisme, violar un acuerdo que hicieron, ser infiel a su cónyuge, tendrán la fuerza moral para optar por no hacerlo, aunque se vean tentados, porque al hacerlo violarían los valores por los que han decidido vivir.
La integridad no es algo que suceda de manera natural; se desarrolla consciente y progresivamente. Se empieza al decidir vivir con integridad y comprometerse a ello. Deciden cuál será su escala de valores, lo que defienden, y se comprometen a vivir conforme a ese criterio. Habiéndolo prometido, procuran seguir ese firme propósito.
Su previo compromiso a sus valores hace que sea más fácil tomar decisiones éticas y disminuye la tentación de transigir en cuanto a sus convicciones. Cuando se crea un hábito de hacer lo correcto, mientras más se hace, se vuelve más fácil. Somos responsables de las decisiones que tomamos y de los resultados de las mismas. La suma de las decisiones cotidianas es lo que nos convierte en las personas que somos. [1]
Te ganas la confianza de los demás cada vez que antepones la integridad a la imagen, la verdad a la conveniencia y el honor al beneficio personal. - John C. Maxwell
[1] Áncora Integridad, 1ª parte