Transmitir esa esperanza
Oh alma mía, reposa solo en Dios, porque de Él es mi esperanza. (Salmo 62:5 RVA-2015)
Si bien cabe decir que las pruebas y apremios que enfrentamos día a día inevitablemente nos demandarán una importante cuota de tiempo y atención, albergar esperanzas puede mantener nuestros pensamientos y nuestro corazón enfocados en el Señor y en el espléndido futuro que nos espera con Él. Esa esperanza puede infundirnos la valentía y la fortaleza para mantener una actitud positiva y de alabanza a través de las pruebas, adversidades y altibajos que afrontemos.
Traer frecuentemente nuestra esperanza a la memoria, el conocimiento de que somos salvos, de que el Espíritu de Dios mora en nosotros, que Jesús se sacrificó para que pudiéramos entablar relación con Dios, que cada día está presente en nuestra vida y que tenemos garantizada la eternidad con Él, debería afectar nuestro modo de concebir y apreciar la vida. Vivir con esa esperanza nos hace saber que la conclusión o desenlace eternos serán gloriosos, lo que nos posibilita enfrentar mejor los avatares de la vida.
Recordar con regularidad la certeza de nuestra salvación y lo que significa para nuestra eternidad, nos puede dar un enfoque más positivo de las circunstancias en que nos encontramos. Dios nos ha salvado maravillosamente, y pasaremos la eternidad en amor, dicha y paz con Él. Como portadores de ella, se nos insta a transmitir esa esperanza de gloria a nuestros semejantes, hacer lo mejor que podamos para representar a Jesús ante los demás, amarlos como Él los ama y ayudarlos humildemente a percibir Su amor y sensibilidad a través de nosotros. [1]
cuando permitimos que los rayos de las promesas divinas iluminen nuestros pensamientos, se crea un espectáculo lumínico que disipa todas las sombras. - Maria Silva
[1] Áncora Una perspectiva esperanzadora