No habrá más guerras
Ninguna nación levantará la espada contra otra nación, ni se entrenarán más para hacer la guerra. (Isaías 2:4b RVC)
La humanidad anhela de manera unánime la paz. Pero ese anhelo no lo puede cumplir el hombre. Solo el sobrenatural amor de Dios nos permite amar a nuestro prójimo y a nuestro enemigo como a nosotros mismos. Lo único que pondrá fin a las interminables guerras del hombre es la mediación del propio Dios en la segunda venida de Jesucristo.
¡Va a ser un mundo hermoso! Pero a la humanidad todavía le espera una era muy peligrosa, la Gran Tribulación, que precederá al milenario reino de Dios. «Porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá.»
Tenemos que mantener la visión celestial. Los primeros discípulos y los padres de la fe superaron enormes dificultades al enfocarse en el eterno reino de Dios. Se aferraron a las promesas de Dios. Nunca cejaron de poner los ojos en Jesús. «Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe». Mantuvieron los ojos en Jesús y en la ciudad celestial.
En Jesús encontramos la misericordia, el amor, el perdón y la paz de Dios. Gracias a Él, obtenemos vida eterna en el Cielo, donde Dios limpiará nuestras lágrimas y no habrá más muerte, dolor ni llanto. Allí no volveremos a sufrir dolor. No volverán a lucharse guerras. Así es, no habrá más guerras. [1]
Quédate en paz con tu propia alma, entonces el cielo y la tierra estarán en paz contigo. - San Jerónimo
[1] Áncora ¿A dónde se han ido todas las flores?