Unas palabras de consuelo

Él nos consuela en todas nuestras dificultades para que nosotros podamos consolar a otros. Cuando otros pasen por dificultades, podremos ofrecerles el mismo consuelo que Dios nos ha dado a nosotros. (2 Corintios 1:4 NTV)

Si tienes un amigo o colega que ha sufrido la pérdida de un ser querido, tal vez observes que se ha retirado temporalmente de la vida social con el objeto de disponer de tiempo para recordar, juntar fotos, escribir sus memorias o rendir homenaje de alguna manera a esa persona. Sin duda alguna, las lágrimas también forman parte del proceso. Viene bien llorar. Hasta Jesús lo hacía. Todo eso son manifestaciones naturales y saludables de duelo.

Hay un tiempo para llorar. Aunque las arpas —las canciones de fe y alegría— permanezcan transitoriamente en silencio, esperemos que no queden arrinconadas para siempre. «Por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría».

¿En qué momento encuentra el doliente la fortaleza para volver a afrontar la vida, retomar el arpa y entonar de nuevo la canción de la fe y la alegría? No hay un plazo fijo para ello. Cuanto más estrecha haya sido la relación, mayor es el sufrimiento por la pérdida. Una muerte repentina puede resultar particularmente difícil de superar.

Que Dios nos ayude a ser sensibles con quienes están sumidos en el pesar y demostrarles nuestra solidaridad obsequiándoles unas palabras de consuelo, una llamada por teléfono, una comida preparada en casa. Podemos brindarles apoyo contándoles lindos recuerdos de la persona fallecida, mandándoles una nota cuando llega un aniversario o una fecha especialmente significativa para ellos, y también prestándonos a escucharlos. Acompañemos a nuestros amigos, así como Dios nos acompaña siempre a nosotros. [1]

Cuando estéis tristes, mirad de nuevo en vuestro corazón, y veréis que en verdad estáis llorando por aquello que ha sido vuestro deleite. - Kahlil Gibran

[1] Conéctate Apoyo oportuno

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