Valoremos el presente

Este é o dia que o Senhor fez; regozijemo-nos e alegremo-nos nele. (Salmo 118:24)

Pedro se quedó boquiabierto. En compañía de Santiago y Juan había seguido a Jesús monte arriba. De golpe a Jesús «le brilló la cara como el sol, y Su ropa se volvió tan blanca como la luz». El espectáculo se tornó aún más prodigioso: Moisés y Elías —muertos desde hacía varios siglos— se aparecieron y se pusieron a hablar con Jesús. (Mateo 17:1–8)

No era de sorprenderse que Pedro estuviera atónito. En lugar de contentarse con escuchar silenciosamente la conversación o reflexionar sobre su significado, la interrumpió con una atrevida propuesta. «Señor, ¡es maravilloso que estemos aquí! Si deseas, haré tres enramadas como recordatorios: una para Ti, una para Moisés y la otra para Elías».

Dios habló desde una nube; los discípulos quedaron petrificados y cayeron de bruces. Cuando abrieron los ojos, Moisés y Elías habían desaparecido.

Todos en algún momento valoremos el presente hasta que ya es tarde y ya ha pasado. Una mariposa de vivos colores se posa sobre una piedra del jardín; vamos rápidamente en busca de una cámara, pero al volver ya se ha ido. Caminamos lentamente para admirar la arquitectura de una ciudad que visitamos y, sin embargo, no manifestamos el menor interés en la historia de nuestro propio vecindario. Contamos los días que faltan para irnos de vacaciones al campo y no nos fijamos en los árboles y canteros de flores de la plaza de nuestro barrio. Hallaríamos mayor satisfacción y nos sentiríamos más realizados si en lugar de vivir con los ojos puestos en el futuro nos concentráramos en el presente. [1]

El presente se puede aprovechar o desperdiciar, pero nunca volver a vivir. - Canon Wynne

[1] Conéctate Vive el presente

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