Cobertura total
Muéstrame, oh SEÑOR, tus caminos; enséñame tus sendas. Encamíname en tu verdad y enséñame. (Salmos 25:4-5a RVA-2015)
Aproximadamente el 60% de la población mundial tiene acceso a Internet. Eso equivale a seis mil millones de personas. Sin necesidad de hurgar en pilas de libros o de hacer un trabajo de investigación en un lugar físico, uno puede encontrar lo que le hace falta digitando unas palabras clave y apretando el botón de búsqueda. En apenas unos segundos aparecen en la pantalla enlaces a numerosas páginas del espacio virtual. Es indiscutible que la Internet pone al alcance de la mano un mundo de información.
¿No sería estupendo que, en vez de solo informarnos, Internet pudiera orientarnos, responder a nuestras preguntas más profundas sobre el sentido de la vida, ayudarnos a organizar nuestra vida diaria y satisfacer nuestras necesidades emocionales y espirituales? Huelga decir que en el ciberespacio nunca será posible todo eso; pero con Dios sí lo es. Él al crearnos ya puso en nosotros todos los componentes y programas necesarios para ello. Podemos acceder a Él en cualquier momento y desde cualquier sitio. El servicio es además gratuito, y nada queda al azar, no es una lotería en la que tanto se pueda acertar como fallar.
Lo único que necesitamos para hacer funcionar el equipo es fe. Esta se adquiere simplemente leyendo las instrucciones que detalla el Fabricante en Su manual, la Biblia. Además, quienes ya emplean el equipo y disfrutan de sus ventajas nos pueden dar consejos y testimonios que incrementen nuestra fe. Nuestro Dios es interactivo: conéctate con Él, y podrás disfrutar y beneficiarte de cuanto Él ofrece.
Ocho mil millones de personas tienen acceso a Dios. Es decir, hay cobertura total. [1]
Al igual que Internet, la oración no es un flujo unidireccional, sino un intercambio, un diálogo. No es fácil aprender a orar y se necesita toda una vida para que la conexión sea perfecta. - Don Giovanni Berti
[1] Conéctate Cobertura total