Cuando lo escrivimos

Me hiciste conocer los caminos de la vida; me llenarás de gozo con Tu presencia. (Hechos 2:28)

Me parece significativo que el versículo esté escrito en pasado: «me hiciste conocer los caminos». La imagen que presenta no es la de nosotros esforzándonos por obtener la guía del Cielo, sino haciendo lo que el Señor ya nos ha indicado. Para ello conviene poner por escrito lo que nos revela, a fin de repasarlo en el futuro.

La siguiente parte del versículo nos presenta llenos de gozo, mientras avanzamos con los ojos fijos en el Señor. Él nos llena de alegría. Nuestra parte consiste en recibir y creer la dicha que nos ofrece. Al igual que el alfarero, continuará moldeándonos en las vasijas que desea. Lo único que requiere de nosotros es sumisión como la arcilla, a fin de contener Su amor y alegría.

Este versículo me ayudó a entender que nuestra comunicación con Dios no debería ser tan entrecortada. La lectura del versículo me ayudó a entender que la oración consiste en escuchar más y hablar menos. Resulta más importante tener una recepción clara que una buena transmisión.

Recibimos tantas bendiciones todos los días que solemos olvidar que son un milagro. En ocasiones no las apreciamos tanto como debiéramos. Puesto que la mayoría de nuestros recuerdos son de corta duración, escribir lo que Él ha hecho por nosotros fortalece nuestra fe en los milagros que hará por nosotros en el futuro. Al hacerlo, lo espiritual parece moverse de lo abstracto a lo físico.

En el acto de fe, así como el amor es necesario para el conocimiento, también el conocimiento es necesario para el amor. - Pierre Rousselot

[1] Áncora Las conexiones de la fe

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Se necesita valor para ser cariñoso