Don tan preciado e inestimable
Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. (Romanos 5:1 RVA-2015)
El término justificar empleado en el Nuevo Testamento es traducción del griego dikaioo. Una de sus definiciones es la de declarar o pronunciar a alguien justo. Nuestra justificación implica que Dios nos declara justos o nos exime de culpabilidad o condenación. Eso no significa que quienes hayamos recibido Su don de la salvación estamos libres de pecado, pues todos seguimos siendo pecadores. Significa que desde el punto de vista legal Dios nos considera justos.
Todo esto es obra de Dios, no nuestra. No había nada que pudiéramos hacer o alcanzar para merecer ese perdón y esa justicia. Es un don de Dios. Lo único que nos corresponde hacer a nosotros es creer que Dios la puso a nuestro alcance por medio de Cristo y aceptarla por fe.
Un aspecto bellísimo de la justificación es que los cristianos ya no tenemos por qué sentir ansiedad respecto a nuestra posición o estatus delante de Dios. Aunque no dejamos de pecar, no por eso cambia el hecho de que contemos con la justicia de Cristo. Ya no tenemos por qué abrigar la incertidumbre de si hemos hecho bastante o de si estamos suficientemente cerca de Dios como para merecernos la salvación. Dios lo ha hecho todo y por medio de la muerte y resurrección de Jesús Dios nos considera y siempre nos considerará justos.
El amor y sacrificio de Dios manifestado en la muerte de Cristo en la cruz es lo que nos justifica ante Dios. Eliminó la separación que existía entre nosotros y Dios y nos reconcilió con Él. ¡Qué don tan preciado e inestimable le ofrece el Dios del amor a la humanidad! [1]
Podemos libremente seguir las indicaciones de Dios y cada vez haremos más Su voluntad motivados por gratitud verdadera al haber recibido Su asombrosa gracia y sin temor de juicio o condenación cuando fallamos. - Tullian Tchividjian
[1] Áncora Jesús más nada es igual a todo