El tiempo ideal

Yo amo a los que me aman, y me dejo encontrar por todos los que me buscan. (Proverbios 8:17 TLA)

Me he dado cuenta de que los días que inicio con Dios son los mejores. Él es como una buena taza de café: aspiro profundamente el aroma, paladeo su sabor, disfruto del calorcito que me da en una fría mañana y me rindo ante sus bondades, que me proporcionan estímulo para emprender la jornada.

Cuando empiezo el día con Dios, tengo la seguridad de que Él está conmigo, de que está de mi parte, escucha mis oraciones y las responderá. Es fantástico tener esa tranquilidad.

Cuando lo busco a primera hora, Su presencia luego tiende a permanecer conmigo el resto del día, y soy más consciente de Su cercanía y de Su capacidad de guiar mis pensamientos y acciones para que sean lo más provechosos posibles.

La quietud de la mañana —antes que el ajetreo cotidiano nos inunde la mente— es el tiempo ideal para escuchar los susurros de Dios al oído de nuestra alma. A Él le encanta escucharnos cuando rezamos, pero también le gusta comunicarnos respuestas. Puede darnos sabiduría, inspiración, ideas y hasta paz. [1]

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Pasar ratos con Dios es la clave de nuestra fortaleza y éxito en todos los aspectos de la vida. Nunca trates de hacerlo encajar en tu horario; haz más bien que tu horario gire en torno a Él. - Joyce Meyer

 

[1] Conéctate Una taza de café

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