La fe y la esperanza
Que el Dios de la esperanza los llene de todo gozo y paz en la fe, para que rebosen de esperanza por el poder del Espíritu Santo. (Romanos 15:13RVC)
Jesús sabía de antemano que iba a sufrir y que lo iban a matar; sabía también que resucitaría de los muertos. En términos bíblicos se alude como esperanza a la confianza que tenía Jesús en que resucitaría de los muertos.
Hoy en día cuando usamos la palabra esperanza por lo general nos referimos a algo que alguien quisiera que sucediese. La Escritura también emplea a veces la palabra esperanza con ese sentido; no obstante, las más veces esta palabra comunica un significado distinto y mucho más sustancioso.
La expectativa ligada a la esperanza bíblica guarda estrecha relación con la seguridad o certeza, toda vez que tiene su arraigo en el hecho de la resurrección de Cristo. Su muerte, seguida por Su resurrección de entre los muertos, es lo que nos da la seguridad o la certeza de que nosotros también resucitaremos algún día de los muertos.
La fe y la esperanza están estrechamente relacionadas, pues la certeza de la esperanza se basa en nuestra fe en Dios. La esperanza en su sentido bíblico se identifica con el futuro, toda vez que representa la convicción de que algo que Dios ha prometido sucederá. Puede que no haya sucedido aún, pero tenemos la seguridad de que sucederá.
Nuestra fe se basa en la certeza de la esperanza, que la Escritura califica de «segura y firme ancla del alma». Sabemos que Sus promesas son ciertas, aunque no hayamos visto aún su pleno cumplimiento. Entre ellas figuran las promesas de perdón, de salvación y de eternidad con Dios. [1]
La esperanza es la semilla que crece hasta convertirse en un floreciente jardín de fe y amor. - Santa Juana Francisca de Chantel
[1] Áncora Nuestra esperanza en Jesús