Un legado indestructible
Para que, justificados por Su gracia, llegáramos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna. (Tito 3:7 RVA-2015)
Habiendo sido justificados por Su gracia, es decir, salvados mediante el sacrificio de Jesús, somos herederos de un legado indestructible que nos espera en el Cielo y que está resguardado por el poder de Dios.
La salvación no hace cesar el pecado en nuestra vida. Los cristianos debemos esforzarnos constantemente por vencer el pecado. Pero los seres humanos tenemos una naturaleza pecaminosa y, por tanto, pecamos; y cuando lo hacemos, debemos pedir perdón a Dios.
Si bien nuestros pecados repercuten en nuestra vida espiritual, en el sentido de que afectan nuestra relación personal con Dios, no nos hacen perder la salvación. Puede que suframos a consecuencia de ellos y que nos acarreen castigos, dado que Dios, como todo buen padre, procura enseñarnos y formarnos con mucho amor; pero no por eso perdemos nuestra condición de hijos de Dios, hijos adoptivos en la familia de Dios.
Dios nos prometió salvación; Jesús la obtuvo mediante Su muerte y Su resurrección, y el Espíritu Santo nos la garantiza. Nuestra salvación está asegurada, es permanente y eterna. Una vez que la tenemos, no la podemos perder.
Dios es el juez justo y verdadero. Él es quien conoce el corazón y los motivos de cada uno y nos entiende al derecho y al revés. Desea que los seres humanos nos salvemos. Ama sin excepción a toda persona que ha creado y ofrece libremente Su don de la salvación para que todo el que quiera lo acepte. [1]
La gracia es que Dios haga por nosotros lo que nunca podríamos hacer y lo que nunca mereceremos. - Jerry Bridges
[1] Áncora La gracia de Dios